La próxima misión Artemis 2 de la NASA, que enviará un vuelo tripulado alrededor de la Luna a principios de 2026, señala un cambio fundamental en la política espacial de Estados Unidos. A diferencia del programa Apolo de la época de la Guerra Fría, que se definió por la competencia directa con la Unión Soviética, Artemis representa una estrategia más amplia centrada en la presencia sostenida, las asociaciones internacionales y el establecimiento de normas para la actividad lunar. Esto contrasta marcadamente con el enfoque más centralizado y menos transparente de China hacia la exploración lunar.
Del juego de dos jugadores a un campo lleno de gente
Durante décadas, la exploración espacial fue una clara rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada nación buscó demostrar superioridad tecnológica y prestigio nacional a través de logros simbólicos, como el primer alunizaje. Sin embargo, el panorama ha cambiado dramáticamente. Hoy en día, varios países, incluidos China, India y entidades privadas como SpaceX, están compitiendo por un punto de apoyo en la Luna.
Lo que está en juego ya no son simplemente las “primicias”. Ahora implican establecer capacidades a largo plazo, asegurar el acceso a los recursos y dar forma a las reglas de enfrentamiento para la futura actividad lunar. Como afirma el autor, los países que aparecen, operan repetidamente y demuestran cómo se puede llevar a cabo la actividad en la superficie lunar con el tiempo dan forma a las expectativas.
El valor estratégico de la presencia sostenida
Artemis 2 en sí no aterrizará en la luna; la tripulación dará la vuelta al otro lado para probar los sistemas críticos. Esto puede parecer modesto, pero la misión cumple un propósito estratégico vital. Enviar seres humanos más allá de la órbita terrestre baja demuestra un compromiso político y financiero sostenido, esencial para atraer socios internacionales y comerciales.
La misión es un trampolín hacia Artemis 3, cuyo objetivo es llevar astronautas cerca del polo sur de la Luna para 2028. Un regreso humano creíble y a corto plazo indica que Estados Unidos tiene la intención de ir más allá de experimentos únicos hacia una presencia permanente. Esto es crucial porque la actividad sostenida da forma al futuro de la gobernanza lunar.
Dos modelos en competencia
El contraste entre los enfoques estadounidense y chino es sorprendente. El programa de China está dirigido centralmente, está estrictamente controlado y carece de transparencia en cuanto a la coordinación con otros actores. Estados Unidos, por el contrario, está adoptando un modelo intencionalmente abierto a través del programa Artemis, invitando a la participación tanto de socios internacionales como de empresas privadas.
Esta apertura no es accidental. Es una estrategia deliberada para construir coaliciones que amplíen las capacidades y establezcan normas para las operaciones lunares. El autor señala que Estados Unidos está dando forma a cómo se lleva a cabo la actividad en la luna en lugar de simplemente competir por logros aislados.
Por qué ahora importan las reglas
El derecho espacial internacional, plasmado en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, exige que los países realicen actividades con “la debida consideración” hacia los demás. Sin embargo, este principio ha sido en gran medida teórico hasta ahora. A medida que más actores convergen en la Luna, particularmente alrededor de regiones ricas en recursos como el polo sur, la “debida consideración” se convierte en una preocupación operativa inmediata.
La ambigüedad de las normas existentes refleja desafíos similares en el derecho marítimo, donde regulaciones poco claras han dado lugar a disputas sobre la extracción de recursos y la actividad militar. La luna se acerca a una fase similar, donde definir un comportamiento aceptable será fundamental para evitar conflictos.
La política estadounidense prioriza la continuidad
El gobierno de Estados Unidos reconoce la importancia estratégica de las operaciones lunares sostenidas. Órdenes ejecutivas recientes afirman el apoyo federal a la actividad a largo plazo, la participación comercial y la coordinación interinstitucional. A diferencia de un enfoque reactivo, Estados Unidos se está centrando en construir un marco estable y predecible para la exploración lunar.
Como enfatizó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, el objetivo es mantener los esfuerzos espaciales de Estados Unidos encaminados a lo largo del tiempo, vinculando el éxito de Artemis con el liderazgo a largo plazo en el espacio. Esto significa priorizar la continuidad sobre las reacciones instintivas ante los logros de los competidores.
En conclusión, Artemis 2 es más que una simple misión lunar. Representa una nueva era de exploración espacial, donde la presencia sostenida, las asociaciones y las prácticas operativas claras determinarán el liderazgo. La estrategia estadounidense, basada en la transparencia y la colaboración, tiene como objetivo dar forma al futuro de la actividad lunar de una manera que reduzca la incertidumbre y fomente un comportamiento responsable.























