El papel inesperado de la grasa parda en la salud cardiovascular

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Las personas con niveles más altos de grasa parda tienden a tener una presión arterial y un sistema cardiovascular más saludables. Un estudio reciente en ratones ha identificado cómo funciona este efecto protector, revelando una enzima clave que vincula el tejido adiposo directamente con la función de los vasos sanguíneos. Durante años, la conexión entre la obesidad y la hipertensión ha estado bien establecida, pero esta investigación identifica un papel más matizado de la grasa “beige” (el equivalente humano adulto de la grasa parda) en la regulación de la presión arterial a nivel local.

Las dos caras de la grasa: blanca versus marrón

El cuerpo almacena energía en dos tipos principales de grasa: grasa blanca, que acumula el exceso de calorías, y grasa parda, que quema energía para generar calor. Si bien la grasa blanca está relacionada con problemas de salud, históricamente se ha pensado que la grasa marrón disminuye después de la niñez. Sin embargo, los científicos descubrieron que los adultos retienen algo de grasa parda, activada principalmente por la exposición al frío. Los niveles más altos de grasa parda se correlacionan con tasas más bajas de obesidad e hipertensión, pero los mecanismos subyacentes siguen sin estar claros.

El gen Prdm16 y la desaparición de la grasa beige

Investigadores de la Universidad Rockefeller eliminaron el gen Prdm16 en ratones, convirtiendo efectivamente su grasa beige en grasa blanca. Esta conversión alteró visiblemente el tejido, haciéndolo pálido en lugar de salpicado de gotas que queman energía. Como resultado, los ratones desarrollaron presión arterial alta y vasos sanguíneos más rígidos. El hallazgo clave fue que la eliminación de la grasa beige libera una enzima llamada QSOX1, que tensa los vasos sanguíneos y eleva la presión arterial.

QSOX1: La enzima en el centro de la cuestión

QSOX1 endurece el tejido conectivo alrededor de los vasos sanguíneos, lo que dificulta su capacidad para relajarse cuando la sangre fluye a través de ellos. El gen Prdm16 normalmente mantiene bajo control la producción de QSOX1, pero sin grasa beige funcional, los niveles de QSOX1 aumentan. Los investigadores confirmaron esto eliminando tanto la grasa beige como el QSOX1 en ratones, lo que evitó el desarrollo de presión arterial alta, lo que demuestra que QSOX1 es esencial para el proceso.

Más allá del calor: la grasa como centro de señalización

Este estudio no trata sobre la función productora de calor de la grasa parda. En cambio, resalta el papel de la grasa beige como célula “secretora” que libera proteínas en el torrente sanguíneo. Incluso pequeñas cantidades de grasa beige pueden tener un impacto fisiológico significativo. Esto sugiere que la inhibición de QSOX1 podría convertirse en una terapia dirigida para la hipertensión en el futuro.

La investigación es importante porque establece un vínculo directo entre la grasa beige y la salud cardiovascular, yendo más allá de los efectos sistémicos para identificar un “papel de nicho” con mecanismos moleculares claros. Esto podría abrir nuevas vías para desarrollar terapias de precisión para contrarrestar la presión arterial alta centrándose en QSOX1.