La crisis climática se está acelerando y, con ella, el debate sobre intervenciones radicales como la geoingeniería solar: la manipulación deliberada de la luz solar para enfriar el planeta. Mientras sus defensores la promocionan como una posible medida de emergencia, los críticos advierten sobre riesgos desconocidos e inestabilidad geopolítica. La cuestión central no es si estas tecnologías deben implementarse, sino más bien quién decide y sobre qué base. Actualmente, esa conversación se produce principalmente en el norte global, mientras que el sur global –que soporta la peor parte del cambio climático– sigue en gran medida excluido.
Los impactos desiguales de un mundo calentado
El sur global ya está experimentando las consecuencias más graves del aumento de las temperaturas: calor extremo, sequías, inundaciones y tormentas cada vez más violentas. Estas no son amenazas abstractas; socavan directamente la seguridad alimentaria, la salud pública y el desarrollo económico. Si alguna vez se considera la geoingeniería, sus efectos se distribuirán de manera desigual. Algunas regiones pueden beneficiarse, otras podrían enfrentar nuevos problemas como cambios en los patrones de lluvia o daños ecológicos. Esta no es una preocupación hipotética: el legado de la explotación colonial ha demostrado que la acción climática diseñada para el sur global, pero sin el sur global, sólo exacerbará las injusticias existentes.
El desequilibrio actual entre conocimiento y poder
Actualmente, la investigación sobre técnicas como la inyección de aerosoles estratosféricos (rociando partículas reflectantes en la atmósfera) y el brillo de las nubes marinas (mejorando la reflectividad de las nubes) se financia y lleva a cabo principalmente en países más ricos. Mientras tanto, muchos gobiernos del sur global ni siquiera han adoptado una postura pública sobre estas tecnologías. Esto crea una peligrosa brecha de conocimiento, dejando la toma de decisiones vulnerable a la influencia externa. El resultado es un silencio arriesgado que perpetúa los desequilibrios de poder existentes.
Un camino hacia una participación equitativa
La situación no es desesperada. Iniciativas como The Degrees Initiative y la Agencia de Invenciones e Investigación Avanzada del Reino Unido están comenzando a financiar a científicos del sur global, pero estos esfuerzos carecen de los recursos necesarios. Lo que se necesita es un cambio fundamental:
- Investigación liderada por el Sur: Dar prioridad a la investigación pública realizada por instituciones del Sur global.
- Colaboración Sur-Sur: Construcción de redes entre universidades y centros de investigación en todo el hemisferio sur.
- Gobernanza equitativa: Desarrollar un marco global que garantice la transparencia, el consentimiento informado y la representación equitativa.
Compromiso, no respaldo
La inclusión no equivale a respaldo. Comprender los riesgos y los beneficios potenciales de la geoingeniería solar es crucial, independientemente de si finalmente se implementa. El objetivo es empoderar al sur global para que participe en debates políticos, cuestione las decisiones tomadas en otros lugares y garantice que cualquier acción futura se alinee con las realidades locales. La geoingeniería solar no sustituye a soluciones más profundas como la reducción de emisiones y la eliminación gradual de los combustibles fósiles; en el mejor de los casos, es una medida temporal con enormes riesgos.
Ignorar el debate no lo hará desaparecer. La única manera de garantizar que cualquier posible intervención planetaria sea justa y responsable es incluir al Sur global en la conversación ahora. La justicia climática exige transparencia, y eso incluye garantizar que los más afectados tengan un asiento en la mesa.