Los medicamentos para la obesidad funcionan, pero la mayoría de las personas recuperan el peso perdido a los dos años de suspender el tratamiento, según un nuevo análisis de más de 9.000 participantes en 37 ensayos clínicos. Los hallazgos refuerzan la opinión de que la obesidad es una afección crónica y recurrente que requiere una intervención continua, muy parecida a controlar la presión arterial o la diabetes.
El problema de recuperar peso
El estudio, dirigido por Susan Jebb de la Universidad de Oxford, encontró que las personas que suspenden los medicamentos para bajar de peso recuperan, en promedio, todo el peso perdido en 1,7 años. Los medicamentos GLP-1 más nuevos, como la semaglutida (Ozempic/Wegovy) y la tirzepatida (Mounjaro/Zepbound), provocan una mayor pérdida de peso inicial (con un promedio de 14,7 kg), pero muestran una tasa de recaída aún más rápida: se espera que el peso regrese dentro de 1,5 años.
Por qué esto es importante: La recuperación de peso no se trata sólo de vanidad; significa que los beneficios para la salud asociados (presión arterial, colesterol y niveles de glucosa más bajos) también desaparecen. El modelo de atención sanitaria actual suele tratar la obesidad como un problema a corto plazo, mientras que estos hallazgos sugieren que es necesario un tratamiento a largo plazo para obtener resultados duraderos.
Discontinuación de medicamentos y barreras sistémicas
Muchos pacientes dejan de tomar medicamentos GLP-1 debido a efectos secundarios (como náuseas) o escasez de suministro impulsada por la alta demanda. El NHS de Inglaterra limita aún más el uso a largo plazo de semaglutida a dos años, citando su rentabilidad. Esto crea una barrera sistémica para el tratamiento continuo, incluso cuando la evidencia sugiere que es necesario.
El apoyo conductual no impide la recuperación
El estudio también reveló que agregar apoyo conductual (orientación dietética, planes de ejercicio) durante el período de seguimiento no previno la recuperación de peso. Esto sugiere que los factores biológicos, como la supresión del apetito por parte de los fármacos, pueden desempeñar un papel más importante de lo que se pensaba anteriormente. Cuando los pacientes dejan de tomar medicamentos, el hambre y los antojos regresan, lo que potencialmente conduce a un rápido aumento de peso.
La naturaleza crónica de la obesidad
Los hallazgos subrayan que la obesidad no es una cuestión de fuerza de voluntad o de esfuerzo a corto plazo. Es una afección crónica y es casi seguro que suspender el tratamiento conducirá a volver a los niveles de peso anteriores. Como afirma Jebb: “Tenemos que mantener a los pacientes con tratamientos a largo plazo”. La cuestión no es sólo que las drogas funcionen; es que el cuerpo vuelve a su estado anterior cuando se detiene, lo que requiere una intervención continua para un cambio duradero.
























