Los bosques como comunidades: Suzanne Simard sobre los ecosistemas inteligentes y la resistencia científica

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Durante décadas, la ecologista Suzanne Simard ha sostenido que los bosques no son sólo conjuntos de árboles, sino comunidades complejas e interconectadas. Su investigación sugiere que los árboles se comunican, comparten recursos e incluso reconocen a sus parientes a través de una red subterránea de hongos llamada micorrizas. Esta perspectiva desafía las prácticas forestales tradicionales que priorizan la extracción de madera sobre la salud del ecosistema, y ​​le ha valido tanto elogios como una feroz oposición dentro de la comunidad científica.

El paisaje cambiante de los bosques canadienses

El trabajo de Simard surgió de la observación de primera mano en Columbia Británica, donde incendios forestales cada vez más graves están remodelando el paisaje. Los incendios de 2018 batieron récords, pero los superaron nuevamente en 2021 y 2023, con llamas que consumieron áreas más grandes que Nueva Escocia y enviaron humo hasta la ciudad de Nueva York. Esto no se debe únicamente al cambio climático; Décadas de prácticas madereras también han influido. Reemplazar bosques nativos diversos con coníferas de rápido crecimiento –aunque económicamente eficiente– crea paisajes mucho más inflamables.

Los vastos bosques de Canadá alguna vez actuaron como un importante sumidero de carbono, pero desde 2001 se han convertido en un emisor neto. Este cambio es una consecuencia directa de la tala insostenible y los efectos combinados de los incendios forestales y los brotes de plagas. Simard sostiene que se gastan miles de millones en tecnología de captura de carbono ignorando las soluciones naturales que ya están presentes en los bosques intactos.

La “red de madera” y los árboles madre

La investigación de Simard, detallada en su libro más vendido Finding the Mother Tree, revela que los árboles más viejos y más grandes, a los que ella llama “árboles madre”, desempeñan un papel crucial en la crianza. Estos árboles están conectados con los más jóvenes a través de redes de micorrizas, compartiendo nutrientes y apoyando el crecimiento. Esto no es sólo teórico; Los experimentos muestran que las plántulas prosperan mejor cuando se cultivan junto con diversas plantas, y la red de micorrizas actúa como un sistema de intercambio vital.

Su artículo de 1997 en Nature, titulado “The Wood Wide Web”, fue innovador y sugirió que los bosques funcionan menos como ecosistemas impulsados ​​por la competencia y más como comunidades colaborativas. Este concepto resonó en los sistemas de conocimiento indígenas que han reconocido durante mucho tiempo la interconexión de los bosques, al tiempo que desafiaron la lente dominante y “masculina” de dominación que a menudo se aplica en el sector forestal.

Reacción y resistencia a las ideas revolucionarias

El trabajo de Simard no ha estado exento de controversia. Tras la publicación de El Árbol Madre, enfrentó críticas agresivas, incluidos ataques personales e intentos de desacreditar su investigación. Algunos críticos cuestionaron la solidez de sus hallazgos, mientras que otros la acusaron de falta de integridad científica.

Simard reconoce que luchar contra los paradigmas establecidos invita a la resistencia. “Cuando tienes una idea que es un poco revolucionaria… que amenaza la estructura del método científico”, explica, “se producen reacciones negativas”. Establece paralelismos con el escepticismo inicial que enfrentaron Jane Goodall y James Lovelock, quienes desafiaron el pensamiento convencional en sus campos.

El camino a seguir: silvicultura regenerativa y sabiduría indígena

A pesar del rechazo, el trabajo de Simard está ganando terreno. Su Proyecto Árbol Madre aboga por prácticas de tala más sostenibles, como dejar los árboles madre intactos durante las cosechas para promover la regeneración natural. También critica la tendencia de la ciencia hacia el reduccionismo, argumentando que centrarse únicamente en variables aisladas oscurece las relaciones sistémicas cruciales para comprender la salud de los bosques.

Simard enfatiza la necesidad de integrar la sabiduría indígena, que desde hace mucho tiempo comprende y practica la silvicultura regenerativa. También señala que, irónicamente, la creciente autosuficiencia de Canadá puede conducir a una mayor extracción de recursos, incluso cuando el cambio climático hace que la protección ambiental sea más urgente.

En última instancia, Simard cree que reconocer los bosques como sistemas inteligentes e interconectados es esencial para una conservación eficaz. Este cambio requiere no sólo evidencia científica, sino un reconocimiento cultural más amplio del valor intrínseco de la naturaleza.

“Necesitamos ser innovadores, necesitamos ser creativos, necesitamos tener todas las manos a la obra y, a veces, necesitamos salir del molde científico”.

Simard planea regresar a los bosques de Columbia Británica para tomarse un año sabático, continuar su trabajo y abogar por un futuro en el que los bosques no sean tratados como mercancías, sino como las comunidades vitales e interconectadas que realmente son.