Los humanos estamos excepcionalmente equipados para sobrevivir en casi cualquier entorno de la Tierra, un testimonio de nuestra capacidad evolutiva de adaptación. No se trata sólo de cambios biológicos; es nuestra capacidad para inventar herramientas, ropa y refugio lo que nos permite prosperar donde otras especies no pueden. El nuevo libro del profesor Herman Pontzer, Adaptable: Cómo realmente funciona su cuerpo único y por qué nuestra biología nos une (Penguin Random House, 2025), explora la interacción entre la genética, el medio ambiente y la diversidad humana.
El trabajo de Pontzer se basa en gran medida en estudios de poblaciones contemporáneas de cazadores-recolectores, como los hadza en Tanzania, para ilustrar cuán radicalmente diferentes son los estilos de vida modernos de los entornos que dieron forma a nuestros cuerpos. Este cambio, sostiene, está provocando un aumento de las enfermedades prevenibles. Adaptable ha sido reconocido como finalista del concurso PEN/E.O. Premio Wilson de Escritura Científica Literaria, cuyo ganador se anunciará el 31 de marzo y recibirá un premio de 10.000 dólares.
La ciencia de la adaptabilidad humana
Pontzer explica que los malentendidos sobre cómo funciona el cuerpo están muy extendidos, lo que alimenta la desinformación. Señala los riñones como un buen ejemplo: estos órganos filtran la sorprendente cantidad de 180 litros de agua al día, desintoxicando el cuerpo mucho más eficazmente que cualquier suplemento. De manera similar, el bazo, que a menudo se pasa por alto, se adapta a las presiones ambientales; El pueblo Sama de Filipinas, que bucea bajo el agua en busca de alimento, tiene bazos genéticamente más grandes para almacenar más oxígeno.
Las adaptaciones locales ocurren cuando rasgos específicos proporcionan una ventaja de supervivencia en un entorno particular, pero son raras. Para que un rasgo se generalice, debe ser consistentemente beneficioso sólo en ese lugar, evitando que el “flujo genético” lo propague por todas partes. El color de la piel es un claro ejemplo: la piel más oscura protege contra la radiación ultravioleta de las grandes altitudes, mientras que la piel más clara permite una mejor producción de vitamina D en las zonas con menor exposición solar.
Desajustes evolutivos y salud moderna
Un concepto crucial que Pontzer destaca es el de “desajuste evolutivo”. Durante millones de años, los humanos evolucionaron como cazadores-recolectores, prosperando en entornos físicamente exigentes con dietas naturales. Los estilos de vida modernos (control del clima, alimentos procesados, antibióticos) crean un marcado contraste. Este desajuste genera problemas de salud modernos, desde enfermedades cardíacas hasta alergias, mientras nuestros cuerpos luchan por adaptarse a condiciones para las que no fueron diseñados.
Pontzer enfatiza la importancia de comprender este contexto más amplio. Por ejemplo, si bien existen diferencias genéticas entre poblaciones, atribuir enfermedades como las enfermedades cardíacas únicamente a la genética es engañoso. El corazón humano evolucionó bajo constantes presiones selectivas; Los entornos modernos son el verdadero disruptor.
El poder de la diversidad
Pontzer destaca que la adaptabilidad humana es la clave de nuestro éxito. La especie ha prosperado no por un solo rasgo, sino por su flexibilidad. El estudio de diversas poblaciones, desde los hadza hasta los sama, revela toda la gama del potencial biológico humano. Esto es crucial para desacreditar afirmaciones pseudocientíficas sobre superioridad o inferioridad genética.
“Tenemos tanto éxito gracias a esta adaptabilidad, a esta flexibilidad. Por eso somos 9 mil millones de nosotros y no 9 mil millones de algún otro primate”.
En última instancia, Pontzer espera que su libro prepare a los lectores para evaluar críticamente la información científica. Alienta a cuestionar categorías simplistas y reconocer la compleja interacción entre genes, medio ambiente y cultura. Comprender estas dinámicas es esencial para navegar la información errónea que rodea a la salud, la genética y la evolución humana.
La conclusión es clara: la resiliencia humana reside en nuestra diversidad y nuestra capacidad de adaptación. Esta comprensión, no sólo la alfabetización científica, es lo que dará forma a un futuro más saludable.
