Bebés de tan solo diez meses demuestran formas básicas de engaño, según un nuevo estudio que analiza los informes de los padres de más de 750 familias en el Reino Unido, EE. UU., Australia y Canadá. Esto significa que mucho antes de que los niños desarrollen habilidades lingüísticas avanzadas, ya están aprendiendo a engañar, ocultar y salirse con la suya.
Los hallazgos del estudio
Investigadores dirigidos por Elena Hoicka de la Universidad de Bristol entrevistaron a padres sobre los comportamientos engañosos de sus hijos. Se observó que aproximadamente el 25% de los bebés de diez meses practicaban engaños rudimentarios, como fingir no escuchar instrucciones, ocultar juguetes o esconder bocadillos sin ser observados. A los tres años, este comportamiento se vuelve más sofisticado: los niños inventan historias, exageran acontecimientos y ocultan información estratégicamente.
Esto no es sólo evidencia anecdótica. El estudio encontró que la mitad de los niños identificados como “engañadores” habían actuado de manera disimulada durante el último día, lo que pone de relieve lo rápido que se intensifica este comportamiento. Las tácticas incluyen fingir ignorancia (“fingir no escuchar ‘es hora de ordenar'”) o negarlo abiertamente (comer chocolate y luego afirmar su inocencia).
Por qué esto importa: el engaño tiene sus raíces en la biología
Esta investigación sugiere que el engaño no es una etapa tardía del desarrollo cognitivo. Es un comportamiento que se observa en todas las especies: los chimpancés esconden la comida de sus rivales y las aves utilizan falsas alarmas para robar comida. El estudio se basa en estas observaciones para mostrar que el engaño evoluciona gradualmente en los niños humanos, en lugar de aparecer repentinamente.
Hoicka explica que las primeras formas de engaño no son necesariamente mentiras “absurdas”, sino más bien intentos estratégicos de conseguir premios o evitar consecuencias. La progresión desde el simple ocultamiento hasta la compleja invención indica una comprensión cada vez mayor de cómo los demás piensan y perciben la realidad.
Las implicaciones para padres y educadores
Los autores del estudio proponen que comprender estas etapas de desarrollo puede ayudar a los cuidadores a adelantarse al comportamiento “astuto” de sus hijos. En lugar de ser una señal de mala conducta, el engaño temprano es una parte normal del crecimiento cognitivo.
Jennifer Saul, coautora de la Universidad de Waterloo, señala que históricamente los filósofos se han centrado en el engaño de los adultos, pasando por alto los matices de la mentira infantil. Esta investigación ofrece un contrapunto valioso, que muestra que el engaño es mucho más complejo y profundamente arraigado de lo que se creía anteriormente.
Los hallazgos, publicados en Cognitive Development, sugieren que mentir no es una falla moral en los niños pequeños, sino una extensión natural de su proceso de aprendizaje.
