La gran mariposa del brezo, en peligro de extinción, se está convirtiendo en un “canario en la mina de carbón” crucial para evaluar la salud de las turberas, ecosistemas vitales en la lucha contra el cambio climático. Un estudio de dos años dirigido por Butterfly Conservation en Gales tiene como objetivo confirmar la confiabilidad de la mariposa como indicador del estado de las turberas, lo que podría permitir esfuerzos de monitoreo más amplios.
Por qué son importantes las turberas
Las turberas son excepcionalmente efectivas para almacenar carbono cuando están saturadas de agua. Sin embargo, el aumento de las temperaturas hace que se sequen, liberando a la atmósfera los gases de efecto invernadero almacenados. Esto hace que la salud de las turberas esté directamente relacionada con la estabilidad climática global. Por lo tanto, proteger estos ecosistemas no se trata solo de biodiversidad sino de mitigar el cambio climático en sí.
El estudio: seguimiento de las poblaciones de mariposas
La conservacionista Georgina Paul está rastreando grandes poblaciones de brezales a lo largo de cientos de kilómetros cuadrados de turberas protegidas en Gales, incluidas Cors Caron, Berwyn Range y Fenn’s, Whixall y Bettisfield Mosses. El estudio, que se prolongará hasta mayo de 2027, evaluará si la presencia de mariposas refleja de forma fiable el estado de las turberas.
“Si podemos demostrar que los grandes brezales son un indicador fiable de la salud de las turberas, entonces podemos estar seguros de que nuestros voluntarios no necesitan ser expertos técnicos para lograr un gran impacto”. – Georgina Paul, Conservación de Mariposas.
El proyecto aprovecha la ciencia ciudadana, con el potencial de que los voluntarios aporten datos invaluables simplemente contando mariposas. El estudio también incorpora tecnología de drones para mapear hábitats e identificar especies de plantas rápidamente.
Desafíos y Oportunidades
La supervivencia de los grandes páramos está intrínsecamente ligada a la salud de las turberas, ya que sus orugas se alimentan exclusivamente de algodoncillo cola de liebre, que sólo se encuentra en estos entornos. La especie ya ha disminuido drásticamente en Inglaterra y Gales debido a la pérdida de hábitat, lo que pone de relieve la urgencia de los esfuerzos de conservación.
Un desafío importante es que gran parte del terreno sigue siendo de propiedad privada, lo que complica los trabajos de restauración. Sin embargo, el estudio se centra en sitios donde la restauración ya está en marcha, con el objetivo de proporcionar evidencia a los propietarios para una mejor gestión de las turberas. Rehumedecer las turberas drenadas o degradadas es fundamental para restaurar su función de almacenamiento de carbono.
Esta investigación subraya una tendencia más amplia : cada vez más, se utiliza el monitoreo específico de especies para rastrear los cambios ambientales. La dependencia del gran páramo de las turberas lo convierte en un bioindicador ideal, que podría racionalizar la evaluación ambiental y la planificación de la conservación.
Es probable que los hallazgos sirvan de base para futuras estrategias de gestión de turberas, garantizando que este ecosistema crítico siga desempeñando su papel en el esfuerzo global contra el cambio climático.
























