Láseres aéreos y tierras indígenas: la ética de la cartografía arqueológica

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Láseres aéreos y tierras indígenas: la ética de la cartografía arqueológica

El rápido avance del lidar aéreo (una tecnología que utiliza pulsos láser para crear mapas 3D detallados del suelo, incluso debajo de bosques densos) está transformando la arqueología. Si bien aclamada como revolucionaria, esta poderosa herramienta plantea importantes preocupaciones éticas cuando se aplica a tierras indígenas y sitios ancestrales. La cuestión central no es la tecnología en sí, sino cómo se utiliza: a menudo sin consentimiento, lo que refuerza un patrón de investigación extractiva que se hace eco del despojo histórico.

El poder y el peligro de la teledetección

Lidar funciona disparando millones de pulsos láser por segundo desde un avión, midiendo cuánto tiempo tardan en regresar después de rebotar en el suelo. Esto permite a los arqueólogos mapear el terreno en detalle, incluso donde el acceso físico es limitado. La eficiencia de este método ha estimulado llamados para mapear masas continentales enteras, pero este entusiasmo eclipsa las implicaciones éticas. Los investigadores a menudo solo necesitan permiso nacional, no local, para realizar estos escaneos, una situación inquietantemente similar a cómo las empresas privadas, como Google, mapean propiedades sin consentimiento explícito.

El problema es particularmente grave cuando se estudian territorios indígenas. Muchos grupos no confían en los arqueólogos por temor a la alteración de los restos ancestrales o la apropiación del conocimiento. En tales casos, los escaneos aéreos sin el consentimiento local se convierten en una forma de vigilancia que permite a personas externas extraer recursos e información sin rendir cuentas. Este no es un fenómeno nuevo; Las comunidades indígenas han experimentado durante mucho tiempo las consecuencias de una intrusión no deseada.

La controversia de La Mosquitia: un estudio de caso de despojo

En 2015, una expedición de alto perfil en la región de La Mosquitia en Honduras, publicada por National Geographic, afirmó haber descubierto una “ciudad perdida”. La narrativa enmarcó el área como “remota y deshabitada”, borrando la presencia y el conocimiento de larga data del pueblo miskitu. El consiguiente frenesí mediático llevó a la retirada de artefactos sin consulta, un claro ejemplo de lo que los críticos llaman el “síndrome de Cristóbal Colón”: la eliminación de la acción indígena en favor de una narrativa colonial de descubrimiento.

La Moskitia Asla Takanka (MASTA), una organización indígena, exigió el cumplimiento de acuerdos internacionales que exigen el consentimiento previo, libre e informado. Estas demandas fueron en gran medida ignoradas, lo que pone de relieve la lucha en curso contra las prácticas de investigación neocoloniales. El caso ilustra cómo el avance tecnológico puede exacerbar los desequilibrios de poder existentes.

Un camino colaborativo hacia adelante

A pesar de estos desafíos, el lidar aéreo se puede utilizar de forma ética. La clave es una colaboración genuina con las comunidades indígenas, priorizando su autonomía y bienestar. El Proyecto Arqueológico Mensabak en Chiapas, México, ofrece un modelo. Los investigadores se asociaron con el pueblo Hach Winik y obtuvieron el consentimiento informado a través de un proceso transparente que involucró asambleas comunitarias y comunicación multilingüe.

El proceso incluyó discutir tanto los beneficios (registro territorial, turismo potencial) como los riesgos (saqueo, uso indebido de datos). La comunidad finalmente aprobó la exploración, pero se entendió que el consentimiento era continuo y revocable. Este enfoque demuestra que la ciencia de vanguardia puede alinearse con los derechos indígenas cuando se basa en el diálogo, el respeto y la rendición de cuentas.

El futuro de la investigación arqueológica

El verdadero desafío no es un mapeo más rápido, sino prácticas equitativas. Los arqueólogos deben reconocer su papel en la opresión histórica y priorizar el consentimiento informado culturalmente sensible. Las comunidades indígenas pueden convertirse en colaboradores activos, no en sujetos pasivos. El lidar aéreo, cuando se implementa de manera justa, puede ser una herramienta de empoderamiento en lugar de extracción. La pregunta es si los investigadores elegirán la responsabilidad en lugar de la eficiencia, alineando la ciencia occidental con los futuros indígenas.