Los árboles son bien conocidos por absorber dióxido de carbono, pero investigaciones recientes revelan un beneficio climático no reconocido anteriormente: los microbios que viven en la corteza de los árboles consumen activamente gases de efecto invernadero como metano, hidrógeno y monóxido de carbono. Este descubrimiento, publicado el 8 de enero en Science, destaca un servicio ecosistémico crítico, pero pasado por alto, que brindan los bosques en todo el mundo.
El apetito inesperado de los microbiomas de la corteza de los árboles
Durante años, los científicos se preguntaron sobre las discrepancias en las mediciones de metano. Estudios en regiones como el Amazonas demostraron que sólo la mitad de la cantidad esperada de metano se escapaba del suelo. Investigaciones más exhaustivas revelaron que de los troncos de los árboles se estaba liberando una cantidad significativa de metano (estimada entre 15 y 20 millones de toneladas métricas al año). Inicialmente, se supuso que los árboles eran conductos pasivos que canalizaban los gases del suelo hacia arriba. Sin embargo, una investigación dirigida por Luke Jeffrey en la Universidad Southern Cross demostró que los microbios de la corteza están consumiendo activamente estos gases.
Los experimentos con árboles de corteza de papel australianos mostraron una reducción del 35% en el metano a medida que se filtraba a través de la corteza, lo que confirma que los microbios lo estaban oxidando para obtener energía. Este proceso no se limita a los gases derivados del suelo; estos microbios también absorben metano, hidrógeno y monóxido de carbono directamente de la atmósfera, incluso en niveles traza.
Escala y significado
La magnitud de esta actividad es asombrosa. Con aproximadamente 41 millones de kilómetros cuadrados de corteza de árbol en todo el mundo –un área comparable a la masa terrestre combinada de América del Norte y del Sur– y aproximadamente seis billones de microbios por metro cuadrado, estos organismos consumen aproximadamente entre 25 y 50 millones de toneladas de metano al año. Esto representa una contribución sustancial, no contabilizada anteriormente, a la eliminación de gases de efecto invernadero.
Por qué esto es importante: El metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2 a corto plazo (28 veces más fuerte en 100 años). El hidrógeno y el monóxido de carbono, si bien no son gases de efecto invernadero directos, aumentan el calentamiento al prolongar la vida útil del metano en la atmósfera. Al eliminar estos gases, los microbios de la corteza de los árboles amplifican los beneficios climáticos de los bosques más allá de la absorción de CO2.
Implicaciones para la restauración forestal
El estudio identificó que diferentes especies de árboles albergan distintas comunidades microbianas con diferentes eficiencias de consumo de gas. Este hallazgo tiene implicaciones importantes para los esfuerzos de restauración forestal. La selección de especies de árboles con microbiomas de corteza altamente activos podría maximizar el impacto climático de los proyectos de reforestación. Como dice Chris Greening de la Universidad de Monash, esto nos permite “deshacernos de tres o cuatro gases climáticos activos por el precio de uno”.
Al considerar no solo el árbol en sí sino también los microbios que contiene, la restauración forestal puede optimizarse para generar beneficios climáticos aún mayores.
Esta investigación subraya la importancia de comprender el mundo oculto de los ecosistemas microbianos y su papel en la regulación climática global. El estudio continuo de estos microbiomas de la corteza podría desbloquear nuevas estrategias para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la eficacia de la acción climática.
