Una importante tormenta geomagnética, la más fuerte en más de dos décadas en términos de niveles de radiación solar, azotó la Tierra esta semana, creando espectaculares exhibiciones de auroras hasta el sur de California. El evento, provocado por una poderosa llamarada solar y la posterior eyección de masa coronal (CME), interrumpió brevemente el campo magnético de la Tierra y llevó la aurora boreal a latitudes inusualmente bajas. Si bien no es la tormenta geomagnética más intensa jamás registrada (el evento de mayo de 2024 fue en general más fuerte), este estallido marca el máximo en 23 años en intensidad de radiación solar.
¿Qué pasó?
La tormenta comenzó el lunes 19 de enero, cuando una CME de rápido movimiento chocó contra la magnetosfera de la Tierra. Esta distorsión temporal permitió que las partículas cargadas del sol penetraran más profundamente en la atmósfera, lo que provocó auroras generalizadas, especialmente en toda Europa. La tormenta alcanzó su punto máximo en el estado G4 (“severo”) en la escala del Centro de Predicción del Clima Espacial (SWPC) de la NOAA, lo que significa que tenía el potencial de causar apagones de radio temporales e impactar naves espaciales en órbita.
Los informes de los observadores del cielo confirman que las auroras eran visibles en partes del Reino Unido, Francia, Alemania e incluso en lugares tan al sur como Alabama, Georgia, Nuevo México y California. Estas exhibiciones ocurrieron durante la noche cuando las condiciones eran óptimas para la visibilidad, ya que el sol ya se había puesto en muchas regiones.
Por qué es importante
Las tormentas geomagnéticas son una consecuencia natural de la actividad solar. El sol pasa por un ciclo de 11 años de actividad creciente y decreciente, con períodos de alta frecuencia de llamaradas. El ciclo actual (Ciclo Solar 25) ha sido sorprendentemente fuerte, lo que sugiere eventos potencialmente más frecuentes e intensos en los próximos años.
Esta tormenta pone de relieve nuestra creciente dependencia de la infraestructura espacial. Desde satélites que proporcionan GPS hasta redes eléctricas vulnerables a perturbaciones geomagnéticas, la tecnología moderna es más susceptible que nunca a los fenómenos solares. Si bien esta tormenta en particular no causó daños generalizados, eventos más fuertes podrían interrumpir los sistemas de comunicación, el suministro de energía e incluso las rutas de aviación.
Contexto: no es el más grande, pero sigue siendo significativo
La “tormenta del Día de la Madre” de mayo de 2024 sigue siendo la tormenta geomagnética más intensa en décadas y alcanzó el estatus G5 (“extrema”) por primera vez desde las “tormentas de Halloween” de 2003. Ese evento fue causado por múltiples CME de una mancha solar altamente activa, que saturó la atmósfera con radiación durante tres días.
La última tormenta, aunque menos potente en general, destaca por sus niveles récord de radiación solar. La distinción entre “tormenta geomagnética” (lo que experimenta la Tierra) y “tormenta de radiación solar” (el estallido inicial en el espacio) es crucial: factores como la orientación de la radiación entrante pueden determinar con qué fuerza responde el campo magnético de la Tierra.
¿Qué sigue?
Las condiciones geomagnéticas se están calmando, pero es posible que haya más auroras esta noche, aunque no se espera que la tormenta se reintensifique a niveles G4. Los expertos continúan monitoreando de cerca la actividad solar, ya que el comportamiento impredecible del sol plantea un riesgo creciente para nuestro mundo cada vez más interconectado.
El último acontecimiento subraya la necesidad de seguir invirtiendo en previsión del clima espacial y resiliencia de la infraestructura. A medida que crece nuestra dependencia de la tecnología, también crece nuestra vulnerabilidad a los poderosos estallidos del sol.
























