Los escáneres cerebrales revelan por qué los niños tienen dificultades con las matemáticas

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Una nueva investigación identifica patrones específicos de actividad cerebral asociados con discapacidades en el aprendizaje de matemáticas, lo que sugiere que el problema central no es solo si un niño puede hacer matemáticas, sino cómo las aborda. Un estudio publicado el 9 de febrero en el Journal of Neuroscience utilizó escáneres cerebrales para identificar diferencias en cómo los niños con y sin dificultades matemáticas procesan los números y responden a los errores. Esta investigación no se trata de un único “centro de matemáticas” en el cerebro, sino de cómo múltiples regiones trabajan juntas (o no) durante la resolución de problemas.

El procesamiento simbólico como obstáculo clave

Durante años, los educadores han observado que los niños que tienen dificultades con las matemáticas a menudo tienen problemas con los símbolos abstractos (como “5” o “37”). Este estudio confirma esta observación a nivel neurológico. Los investigadores descubrieron que cuando se les presentaban problemas matemáticos simples utilizando números arábigos, los niños con discapacidades en el aprendizaje de matemáticas mostraban claras diferencias en la actividad cerebral en comparación con sus compañeros. Estas diferencias desaparecieron cuando los mismos problemas se presentaron usando representaciones visuales, como puntos que representan cantidades.

Esto sugiere que el problema no es necesariamente una falta de comprensión matemática, sino una dificultad para procesar el lenguaje simbólico de los números. Como señala Bert De Smedt, neurocientífico educativo de KU Leuven, el procesamiento simbólico es “realmente la lucha” para muchos niños con dificultades matemáticas.

Impulsividad y seguimiento de errores en el cerebro

El estudio utilizó resonancias magnéticas para monitorear la actividad cerebral mientras los estudiantes de segundo y tercer grado resolvían problemas básicos de comparación (por ejemplo, qué número es mayor). Los investigadores identificaron dos áreas clave con diferentes niveles de actividad en niños con dificultades de aprendizaje de matemáticas:

  • Girus frontal medio: La menor actividad en esta región se correlaciona con una falta de precaución al responder preguntas. Los niños dudaron menos, incluso cuando no estaban seguros.
  • Corteza cingulada anterior: La actividad reducida aquí significó que los niños no redujeron la velocidad ni ajustaron su enfoque después de cometer errores. No parecieron monitorear su desempeño de manera efectiva.

Estos hallazgos sugieren que el control de impulsos y el monitoreo de errores desempeñan un papel fundamental en el dominio de las matemáticas. La falta de estas funciones puede provocar errores persistentes, lo que dificulta la capacidad del niño para aprender y mejorar.

Qué significa esto para futuras intervenciones

Los investigadores enfatizan que este estudio es exploratorio y no prueba causa y efecto. Sin embargo, abre nuevas vías para intervenciones específicas. En lugar de centrarse únicamente en la memorización de memoria o las habilidades matemáticas básicas, los educadores podrían beneficiarse al enseñar a los niños:

  • Estrategias metacognitivas: Anímelos a pensar en cómo están resolviendo problemas.
  • Técnicas de resolución de problemas: Introducir diferentes enfoques para abordar los desafíos.

Marie Arsalidou, neurocientífica cognitiva del desarrollo de la Universidad de York, destaca que múltiples regiones del cerebro están involucradas en las habilidades matemáticas, no solo una. Esta compleja interacción sugiere que las intervenciones deben ser multifacéticas y abordar tanto los procesos cognitivos como los factores neurológicos.

Identificar estas regiones del cerebro sugiere que explicar las diferencias en las habilidades matemáticas es más complejo que encontrar una parte del cerebro que se ocupe de las matemáticas y los números. En cambio, el estudio sugiere que las áreas del cerebro que procesan información y encuentran errores parecen ser clave.

En última instancia, esta investigación subraya la importancia de comprender por qué algunos niños tienen dificultades con las matemáticas, en lugar de simplemente etiquetarlos como “malos en matemáticas”. Señala la necesidad de intervenciones personalizadas que se dirijan a debilidades cognitivas específicas y diferencias neurológicas.