Llevaban el nombre de una bestia mitológica, pero tenían un propósito muy práctico y mortal. Lanzados en 1965, tres satélites científicos estadounidenses conocidos como Pegasus se encontraban entre las naves espaciales más grandes jamás construidas por Estados Unidos. Su sección central se extendía 71 pies hacia el vacío. Pero la verdadera historia estaba entre sus alas.
Estas estructuras en forma de alas se extendían por unos enormes 96 pies. ¿Por qué un objetivo tan grande? Para atrapar micrometeoroides.
El espacio no está vacío. Está lleno de partículas de polvo espacial de alta velocidad. A simple vista son invisibles. Para una nave espacial que viaja a velocidad orbital, son como balas. Los satélites Pegasus fueron diseñados para registrar la profundidad y la frecuencia con la que estos diminutos proyectiles perforaban sus alas.
La conexión Apolo
Estos datos no fueron sólo por curiosidad. Fue para sobrevivir. Los ingenieros utilizaron los hallazgos de Pegasus para diseñar la capa exterior de la nave espacial Apolo tripulada. Necesitaban evitar la penetración de estas partículas de alta velocidad. Un agujero en una cabina presurizada en el espacio es un error fatal.
Las implicaciones se extendieron más allá del casco. Los datos ayudaron a los ingenieros a desarrollar trajes espaciales que protegerían a los astronautas de los micrometeoroides cuando trabajaran fuera de sus naves espaciales. EVA (actividad extravehicular) requería protección contra peligros invisibles. Pegasus proporcionó las estadísticas necesarias para construir esa armadura.
Un experimento a gran escala
En el momento de su lanzamiento, los satélites Pegasus eran gigantes. Su gran tamaño era necesario para capturar suficientes puntos de datos. Una meta pequeña produciría muy pocos impactos para ser estadísticamente significativa. El tramo de 96 pies garantizaba una alta probabilidad de colisión con desechos espaciales.
La información recopilada fue fundamental para el éxito de las misiones Apolo. Permitió a la NASA diseñar resiliencia en sus vehículos y sus astronautas. Sin este conocimiento, el riesgo de impactos de micrometeoritos habría seguido siendo un juego de adivinanzas.
Los satélites Pegasus proporcionaron la columna vertebral estadística para proteger la vida humana en el espacio.
El caballo alado de la mitología griega llevaba una carga útil de datos concretos. Esos datos mantuvieron a salvo a las tripulaciones del Apolo. Convirtió un símbolo mitológico en un práctico escudo contra el vacío.




















