Cómo David Cronenberg redefinió el terror corporal y los thrillers psicológicos

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David Cronenberg no se limitó a hacer películas. Los diseccionó. Nacido en Toronto el 15 de mayo de 1943, este autor canadiense empezó a labrarse su nombre en los años 1970. No le interesaban los sobresaltos. Quería meterse dentro de tu cabeza y debajo de tu piel.

Desde el principio, creó un culto devoto. Dos títulos definieron esa época. Scanners (1981) mostraba mentes chocando con una fuerza aterradora. Videodrome (1982) convirtió la televisión en un monstruo carnívoro literal. Estas no eran sólo películas de terror. Eran advertencias envueltas en sangre.

Luego vino el gran avance. The Dead Zone (1983) le trajo una audiencia más amplia. Demostró que podía hacer dramas de personajes además de cosas raras. La Mosca (1986) se convirtió en una piedra de toque cultural. La transformación de Jeff Goldblum no fue solo efectos especiales. Era una metáfora de la enfermedad y el envejecimiento que golpeaban con fuerza. Dead Ringers (1988) exploró la identidad dual con una precisión escalofriante.

La filmografía de Cronenberg parece un mapa de la ansiedad humana. Naked Lunch (1991) adaptó la prosa surrealista de Burroughs a algo igualmente extraño. Crash (1996) preguntó por qué estamos obsesionados con la intersección de los coches y la carne. Fue controvertido. También fue una dura crítica a la cultura mediática.

La década de 2000 lo vio cambiar de tono. Una historia de violencia (2005) fue un thriller policial descarnado. Eliminó los elementos de ciencia ficción pero mantuvo la violencia visceral. Eastern Promises (2007) lo mostró dominando el realismo de los gánsteres. La escena de la casa de baños sigue siendo uno de los momentos más intensos del cine moderno.

Muchas de sus películas exploran las inquietantes intersecciones entre la tecnología, el cuerpo humano y el deseo subconsciente.

Siguió trabajando durante la década de 2010. Un método peligroso (2011) profundizó en los primeros días del psicoanálisis. Cosmopolis (2012) abordó la riqueza y el aislamiento en un mundo frío y elegante. Maps to the Stars (2014) destrozó la cultura de las celebridades de Hollywood. Cada película planteó preguntas diferentes. Todos apuntaron a los mismos temas centrales.

¿Por qué sigue volviendo a estos temas? Quizás porque nunca envejecen. El cuerpo cambia. Avances tecnológicos. El deseo sigue siendo confuso. Cronenberg lo sabe. Nos ha estado mostrando las costuras durante décadas.

¿Qué pasa después? Ya veremos. El hombre todavía tiene historias que contar. Y todavía estamos escuchando.