Ralph Bellamy: el actor que ganó un Tony por FDR y robó escenas en Pretty Woman

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Ralph Bellamy no se limitó a actuar. Vivió toda la evolución de la comedia cinematográfica estadounidense, desde las bromas ingeniosas de la era loca hasta los brillantes éxitos de taquilla de los años noventa. Nacido en Chicago en 1904, pasó su vida navegando por la brecha entre el ingenuo hombre común y el villano sofisticado. Murió en Los Ángeles en 1991, dejando un legado que hoy parece sorprendentemente relevante.

De los cines de Chicago a la codicia de Hollywood

El camino de Bellamy no fue lineal. Creció en Winnetka, un suburbio de Chicago donde empezó a actuar cuando era adolescente. En 1922, había formado su propia compañía, North Shore Players. Él no se detuvo ahí. Realizó giras con compañías de repertorio y finalmente construyó Ralph Bellamy Players en Des Moines, Iowa, donde lo dirigió de 1926 a 1929.

Probó en Broadway en 1929 y 1930. Las obras fracasaron. Pero el fracaso tiene una forma de abrir puertas si eres lo suficientemente bueno. En 1930 siguió un contrato cinematográfico.

Su primer papel no fue glamoroso. Un gángster en El Secreto 6 (1931). Fue un comienzo. Durante la siguiente década, perfeccionó un tipo específico de actuación. Se convirtió en el maestro del personaje sofisticado pero ingenuo. El chico que pierde a la chica. No porque sea malo, sino porque es superado por el encanto o el ingenio del protagonista.

Piense en Manos al otro lado de la mesa (1935). Perdió a Carole Lombard ante Fred MacMurray. Le volvió a pasar en Carefree (1938) a Fred Astaire. Y de nuevo en His Girl Friday (1940) a Cary Grant. Bellamy fue el contraste. El hombre recto ante el caos.

El barón del petróleo nominado al premio

Los críticos lo notaron. Especialmente por La Horrible Verdad (1937). Interpretó a un magnate del petróleo con el que jugó Irene Dunne antes de regresar a Cary Grant. Fue una actuación llena de matices. Un hombre que piensa que el dinero compra el amor, sólo para descubrir que no es así.

Este papel le valió su única nominación al Premio de la Academia. No ganó. Pero el reconocimiento se mantuvo. Había demostrado que podía defenderse de los nombres más importantes de Hollywood.

También protagonizó una serie de películas de misterio de Ellery Queen. Estos papeles demostraron su capacidad para manejar narrativas basadas en la trama sin depender únicamente de dinámicas románticas. Él podría ser el detective. El sospechoso. La víctima.

El triunfo de Broadway y sus representaciones políticas

La década de 1940 cambió su enfoque. Bellamy prefería el escenario. Quería la inmediatez de la actuación en vivo. En 1943, se ganó la reputación de profesor antifascista en El mundo del mañana. Fue un papel serio. Una desviación de los cómicos perdedores de su carrera cinematográfica.

Siguió con una carrera exitosa (1945-47) en la comedia Estado de la Unión. Pero su mayor reconocimiento llegó después. En 1958, asumió el papel de Franklin D. Roosevelt en Sunrise at Campobello.

La obra mostraba a FDR luchando contra la polio. Fue dramático. Cargado emocionalmente. Bellamy ganó un Premio Tony por su actuación. No fue sólo una imitación. Fue una comprensión del hombre detrás de la silla de ruedas. La vulnerabilidad bajo la armadura política.

Repitió este papel para la versión cinematográfica de la obra de 1960. Y nuevamente en 1983 para la miniserie de televisión The Winds of War. Tres generaciones diferentes vieron a Bellamy como FDR. Sigue siendo una de las representaciones más emblemáticas del presidente en la pantalla.

Terror, sátira y roles finales

Bellamy no se quedó en el pasado. Se adaptó. En 1968, interpretó a un médico satánico en Rosemary’s Baby. Era una película de terror. Un género que no había tocado antes. Aportó su habitual seriedad a un papel aterrador.

Luego vino 1983. Lugares de Intercambio. Esta película lo presentó a una nueva generación. Interpretó a uno de los ricos hermanos Duke. El otro era don Ameche. El dúo estaba frío. Calculador. Apuestan por un experimento social para arruinar a un corredor de materias primas. La actuación de Bellamy fue fríamente eficiente.